Algunos se han atrevido a especular acerca de cómo se gesta esta actividad, con mayor o menor pretensión científica. Una de las tesis más conocidas, descrita en el tratado de Fisiología Vegetal de Lyon y Buckmann, se denomina teoría de cohesotranspiración. Según ella, la transpiración de los vegetales genera una tensión que, sumada a la cohesión de las moléculas de agua, es capaz de impulsar hacia el follaje los fluidos y sustancias que la raíz absorbe. Una proposición que, naturalmente, no pretende llegar más allá de explicar una meta manifestación en el plano físico. El tallo, que en los árboles comprende el tronco, así como las ramas principales y las secundarias, es el eslabón de enlace entre las raíces y las hojas. Sus tejidos son continuos con los dé la raíz y las hojas y constituyen una vía para el intercambio de sustancias. Las ramificaciones son el origen sostén de las flores y frutos en la posición adecuada, para que se efectúe la reproducción, y de las hojas, de modo tal que cada una de ellas quede expuesta a la mayor cantidad posible de luz solar. Ninguna planta que desarrolle ramillas está constituida solamente por raíces y hojas, aunque a veces las primeras se confunden con los tallos, cuando éstos son subterráneos o aquéllas son aéreas. Los helechos y ciertas gramíneas son plantas con tallos subterráneos llamados rizomas, que crecen inmediatamente bajo la superficie del suelo. Los tallos subterráneos engrosados, adaptados al almacenamiento de nutrientes, se denominan tubérculos, como es el caso de la papa. La cebolla es otro ejemplo, llamado bulbo, que alcanza mayor volumen recubriéndose con la base de las hojas, como túnicas superpuestas. |
lunes, 11 de abril de 2011
las plantas
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